nav-left cat-right
cat-right

Maestra en Alpandeire

Sin darnos cuenta, la experiencia va dando forma a nuestra manera de entender, de sentir y de actuar. Pero no todo lo que pensamos, hacemos o decimos se basa en nuestra experiencia personal. Hay experiencias que viven los otros, que necesitamos conocer, que es interesante y que nos aportan conocimiento. Así nos vamos preparando para una convivencia. La verdad es que todo eso no se hace de un modo espontáneo. La escuela se encarga de ello de un modo organizado y sistemático. Por eso, hay quienes pensamos que educar consiste en ese intercambio de enseñanza-aprendizaje que prepara al alumno para incorporarse a todos los ámbitos de la sociedad.

Maestra y alumnos del colegio de Alpandeire

Maestra y alumnos del colegio de Alpandeire

Poco a poco, en nuestros pueblos va descendiendo la tasa de natalidad, cada vez hay menos niños por sus calles, porque cada vez hay menos jóvenes que viven en ellos. Pero las escuelas están en todos los pueblos de la Serranía, y si entre todos nos seguimos plantean­do en serio el “Desarrollo Sostenible” habría que hacer algo para que aumenten los nacimientos en ellos.

María Flor Vergara, durante el pasado curso, ha sido la maestra de los seis niños de Alpandeire que había en edad escolar, tres en Primaria y tres en Infantil. No ha sido maestra itinerante, ha estado dando las clases fijas en Alpan­deire.

Ella es y vive en Pizarra, no se ha quedado a vivir en Alpandeire; le ha parecido limitado a su edad acabar a las tres de la tarde y quedarse en el pueblo un poco sin nada que hacer. Porque los cursos que salen en el pueblo son casi todos para desempleados. La zona la conoce y ella piensa que no le saca partido a esas horas en el pueblo. Pero para este nuevo curso pidió otra vez estar en Alpandeire, porque dice que se siente casi la madre de esos niños mientras están en la escuela, pues los conoce a todos muy bien, y como experiencia es algo muy distinto a dar clases en un colegio grande. Ha aprendido mucho de sus alumnos de pueblo, del pueblo en general y le encanta el equipo de profesores con el que ha trabajado. Aunque hace frío, le gusta el clima, y ella sabe que es la “maestra del pueblo”, que aunque ella no conozca a todas las personas del mismo, sabe que todos la conocen, y le llama mucho la atención el respeto y la acogida tan calurosa que le han ofrecido.

Pero no ha podido ser. Para este curso no le han dado de nuevo Alpandeire. Dos de los alumnos han pasado a dar clases de Secundaria, y este año van ya a Ronda. Se han quedado cuatro alumnos (dos de Infantil y dos de Primaria) con una nueva maestra, María del Mar, que es de Málaga. Tanto ella como María Flor piensan que, aunque sean muy poquitos alumnos, siempre ha de estar la escuela, porque esos niños tienen derecho a un educación, aunque sea más costoso para la Consejería. Igualmente es importante lo de la continuidad, sobre todo para los niños de Educación Infantil, no tener cada año que cambiar de maestro.

María Flor anima a los maestros a que, aunque no lo tomen como una opción profesional a largo plazo, sí como experiencia directa con el mundo rural y la educación no masiva. Es todo muy distinto y muy gratificante cuando se elige un pueblo para dar clases y enseñar a los niños. Aunque hay más trabajo, hay menos conflicto y todo es más fructífero.

Este curso, con la nueva maestra de Alpandeire, María del Mar, los niños le tomarán de nuevo gusto a aprender. Y ella también aprenderá de ellos y del resto de vecinos del pueblo.

.

.
Artículo de Isabel María Sánchez Heras publicado en el número 23 de la revista La Serranía en septiembre-octubre de 2003.

© Editorial La Serranía, S.L. Prohibida la reproducción de textos y fotografías sin autorización previa y por escrito. Todos los derechos reservados.



Deja un comentario