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¿Qué está pasando en la Serranía de Ronda?

El pasado domingo 14 de septiembre más de 2.000 personas de la Serranía de Ronda se manifestaron en contra del proyecto de dos campos de golf en la finca de Ronda llamada “Majaco”. Por otro lado, la fiscalía provincial de Málaga ha pedido al Juzgado de Ronda que investigue si ha habido delito de prevaricación en la tramitación administrativa del circuito de velocidad construido en la finca “Los Merinos”, dentro de la Reserva de la Biosfera de la Unesco. En Cartajima, la Consejería de Medio Ambiente ha ordenado paralizar las obras de la urbanización que, sin las correspondientes licencias, se estaba construyendo con nocturnidad y alevosía. En Gaucín, la misma Consejería ha denegado el permiso para construir otra urbanización, en esta ocasión de 200 viviendas en los aledaños del Castillo del Águila, de elevado valor patrimonial. ¿Qué tienen en común estas actuaciones? ¿Qué está pasando en Ronda? O tal vez debería decir ¿qué está pasando en la Costa del Sol o en el mismo Reino Unido?, dado que en muchos de los casos encontramos detrás intereses económicos británicos. Según informaciones provenientes de la feria inmobiliaria que se ha celebrado a mediados de septiembre en la ciudad de Londres, el 60% de los británicos desearía vivir fuera de su país, de los cuales, el 56% señala a España como destino preferente. El clima, el bajo coste de la vida y –Oh cielos!– nuestro elevado nivel de conocimiento de la lengua inglesa, son sus principales argumentos para dar el paso y mudarse, por este orden de preferencias, a la Comunidad Valenciana, a Anda­lucía o las Islas Baleares.

Vista general de Alpandeire desde la carretera de Ronda

Vista general de Alpandeire desde la carretera de Ronda

Antes de continuar, no me gustaría que este artículo sirviera para cerrar más academias de inglés ni para alentar sentimientos xenófobos hacia ciudadanos europeos que, en su derecho, deciden poner los muebles al sol. Al contrario, valoro muy positivamente la contribución de muchas personas al desarrollo de nuestras comarcas, en muchas ocasiones dando lecciones a los locales de respeto hacia nuestros recursos naturales y culturales. En cambio, sí me gustaría, con este artículo, hacer una contribución positiva al debate surgido a partir de la aparición de estas corrientes inversoras foráneas (sin especificar su procedencia), dejando al margen a los ciudadanos y ciudadanas individuales que, como cualquiera de nosotros, merecerán o no nuestro respeto en función de sus comportamientos y no de su procedencia.

Así pues, todo apunta a que tenemos en ciernes un considerable contingente de personas foráneas dispuestas a instalarse ya no en la Costa del Sol, tan cara y bulliciosa como su Nottingham o London natal, sino en las sierras circundantes, más asequibles, tranquilas y bien comunicadas con los aeropuertos internacionales de Málaga y Gibraltar. ¿Qué hacer ante esta situación? Seguramente, ni los defensores de estos proyectos ni sus más fervientes detractores estarán en posesión absoluta de la verdad pero ante el único argumento a favor lanzado por los poderes políticos en cada uno de los casos, que no es otro que el consabido progreso económico y la creación de puestos de trabajo, me gustaría apuntar mis ocho razones para oponerme.

Empezando por el argumento económico, la propuesta de estos grupos inversores se resume en algo tan simple como aprovechar unos recursos considerados libres, como el aire puro o el sol, para aumentar artificialmente el valor de un recurso limitado (aunque menos que en la Costa del Sol) como lo es el suelo y conseguir de esta manera elevados beneficios mediante la comercialización de bienes (chalets) y servicios (golf, automovilismo, hostelería, etc.). Como puede observarse, en este razonamiento no hay sitio para consideraciones ambientales de ningún tipo.

Casa típica de Alpandeire, situada en la calle Pósito, que aún conserva la arquitectura tradicional serrana

Casa típica de Alpandeire, situada en la calle Pósito, que aún conserva la arquitectura tradicional serrana

El éxito de las economías desarrolladas no consiste tanto en la generalización del empleo sino en la generación de valor añadido, entre otras vías, a través del beneficio industrial que, en estos casos, se consigue gracias a una legislación permisiva, a un régimen fiscal favorable y, en definitiva, a unos menores costes de producción (sobretodo a costa de los costes laborales). Sin embargo, al tratarse de sociedades radicadas fuera de nuestra Comunidad Autónoma, del supuesto rendimiento económico tan sólo nos quedan las migajas. Es la misma lógica que se aplica en la localización de grandes empresas (a menudo contaminantes y no toleradas en el mundo desarrollado) en países considerados del Tercer Mundo en los que, a cambio de un puñado de puestos de trabajo, se consiguen excelentes resultados económicos. Al igual que en el caso del corcho, o del cerdo ibérico o la castaña, esta situación no viene sino a reforzar el subdesarrollo económico de nuestra comarca, muy lejos de los objetivos de la Segunda Modernización de Andalucía.

Nos dicen que se van a crear puestos de trabajo. En eso estamos de acuerdo. Lo que se nos pide, en aras de la solidaridad hacia esas personas demandantes de empleo en la Serranía de Ronda es que sacrifiquemos parte de nuestro patrimonio natural a cambio de empleo. Según datos procedentes de los propios promotores, está prevista la creación de unos 284 puestos de trabajo entre los dos campos de golf y el circuito de velocidad de Ronda. Estos datos contrastan con los cerca de 1.000 puestos de trabajo creados desde 1992 exclusivamente con el concurso de las ayudas Leader y Proder en actividades escrupulosamente sostenibles. Así pues, personalmente me gusta más hablar de la solidaridad hacia esas miles de personas que ya están trabajando en actividades respetuosas y cuyo puesto de trabajo depende de que la Serranía de Ronda siga siendo como es. En el Balance Turístico del año 2002 publicado por SAETA, los recursos naturales (con una puntuación de 8,6 sobre 10) y los paisajes (8,4 puntos) eran los aspectos mejor valorados por parte de los más de 21 millones de turistas que nos visitaron. Si hablamos de los motivos de elección de Andalucía como destino turístico, la visita a monumentos era motivo de atracción en un 15,86% y el contacto con la naturaleza en un 4,01% de los casos, mientras que el golf, por poner un ejemplo, quedaba relegado a un discreto 2,35%. Y podríamos continuar dando argumentos económicos aunque no son éstos los más importantes.

Cementerio de encinas en la finca Los Merinos (Ronda)

Cementerio de encinas en la finca Los Merinos (Ronda)

En otro orden de cosas, las iniciativas propuestas no tienen en cuenta las limitaciones de los acuíferos que en periodos de sequía ya se han demostrado claramente insuficientes y que ahora se les exigirá, además, suministrar agua a los nuevos pobladores. En el caso de los campos de golf del término municipal de Ronda el problema es doble. Por una parte la sobreexplotación de los acuíferos, ya que el proyecto se acompaña de la construcción de 800 viviendas con jardín. Por otra parte la contaminación de los mismos por el uso de pesticidas y fertilizantes tal y como reconoció en 1994 la misma Diputación de Málaga.

Lejos de suponer actuaciones aisladas que, en palabras del alcalde Ronda –Juan Benítez–, sólo afectan a un 2% del territorio de Ronda (la Alhambra supone menos del 2% de Granada y a nadie se le ocurre construir allí un supermercado), son varios los proyectos planteados o que ya han iniciado su proceso administrativo; otro golf con 50 viviendas de lujo en Par­chite (Ronda), la circunvalación de Arriate que casualmente pasa junto al mencionado campo de golf, la nueva carretera Ronda-San Pedro… y la fiesta no ha hecho más que empezar.

Por otro lado, la puesta en el mercado de más de 1.000 viviendas de alto standing destinadas al mercado internacional está creando además de la depredación del entorno y de los recursos hídricos, un importante efecto llamada para compradores con un poder adquisitivo muy superior a la media andaluza. Este efecto se traduce en un fuerte encarecimiento tanto de los precios medios del suelo como de la vivienda construida. Si el Instituto Andaluz de Estadística reconoce que en los últimos seis años se ha doblado el precio del suelo en Andalucía y que en lo que va de año ya llevamos acumulado un 10% de incremento, la sensación que nos queda tras un paseo por las inmobiliarias, que como setas están proliferando en la ciudad de Ronda, es que en nuestra comarca estos incrementos pueden ser incluso superiores, a pesar de que no se dispone de datos desagregados que lo certifiquen. Malas perspectivas para las personas jóvenes que quieren acceder a una vivienda de propiedad, incluso para un camarero del Ascari Resort o un jardinero de una de las urbanizaciones planteadas.

Cicatrices en uno de los mejores encinares de la provincia en el que se pretenden construir 800 chalets de lujo y campos de golf. Finca Los Merinos (Ronda)

Cicatrices en uno de los mejores encinares de la provincia en el que se pretenden construir 800 chalets de lujo y campos de golf. Finca Los Merinos (Ronda)

La Serranía de Ronda por su accidentada orografía ha desarrollado, ya desde el Paleolítico, una personalidad cultural propia que la diferencia claramente a otras comarcas andaluzas en el habla, en el arte, en la historia de sus pueblos. Desde el punto de vista ambiental no es menos importante. Por ser zona de transición entre la Alta Andalucía y el Campo de Gibraltar, atesora importantes recursos naturales, lo que hace que la totalidad de su territorio esté protegido por una u otra figura de protección. Destacan, sin duda, los tres Parques Naturales (uno más en tramitación), un Paraje Natu­ral, un Parque Periurbano, dos Cotos Nacionales de Caza, dos Zonas Especiales de Protección de Aves, dos Monumentos Naturales además de numerosos endemismos y una abundante fauna y flora. En el ámbito internacional, la Serra­nía se ha hecho merecedora de dos declaraciones de Reserva del Hombre y la Biosfera por parte de la Unesco y se está tramitando una declaración de Lugar de Interés Comunitario por parte de la Unión Europea. Todos estos recursos sostienen una considerable oferta turística y de servicios tanto en la ciudad monumental de Ronda como en todos y cada uno de los municipios de la comarca. No hace falta ser muy listo para entender que con este potencial, lo lógico sería orientar las políticas locales hacia la conservación y potenciación de los mismos y no importar fórmulas estándar como el golf, el urbanismo residencial o el automovilismo, iniciativas todas ellas que no requieren de recursos naturales y culturales para asegurar su viabilidad. El caso de Ronda es, tal vez, el más llamativo, puesto que tanto el circuito de automovilismo ya construido como los dos campos de golf proyectados ocupan parte de la Reserva del Hombre y la Biosfera ante el escandaloso silencio del Comité Nacional MAB. Estamos pues incentivando un acelerado proceso de globalización cultural que, en el largo plazo, traerá consigo una preocupante pérdida de competitividad de la Serranía como destino turístico, además de una irreversible pérdida de la identidad y cultura serranas, como ya ha pasado en zonas tan cercanas como la misma Costa del Sol.

La aparición repentina en las dos últimas elecciones municipales de partidos políticos de corte liberal como el GIL, no es más que la certificación política del agotamiento del suelo urbanizable en su feudo marbellí y el consiguiente interés por colonizar zonas vírgenes como la nuestra, donde seguir generando plusvalías en el próspero mercado inmobiliario. Con mensajes claramente demagógicos y populistas han conseguido lo que parecía imposible: ganar las elecciones de 1999 y ser la segunda fuerza más votada en la pasada convocatoria municipal. El efecto GIL y los forzados pactos postelectorales que le siguieron, en lugar de provocar una respuesta sensata por parte de las fuerzas políticas que situara la política rondeña dentro de unos mínimos parámetros de cordura lo que ha generado ha sido una espiral de liberalismo económico cuyos resultados estamos empezando a sufrir (un auténtico pan para hoy y… mañana ya veremos). Salvo contadas excepciones (el concejal de Obras y Urba­nismo de Ronda, Bartolomé Nieto, ha manifestado públicamente su desacuerdo con este modelo de desarrollo), se echa de menos en todos los partidos apuestas estratégicas a medio y largo plazo que ayuden a devolver la gestión de lo público al lugar de donde nunca debió salir; como garantes de los bienes públicos (patrimonio cultural y natural incluidos) y al servicio de los ciudadanos y ciudadanas.

La Serranía de Ronda se encuentra en una encrucijada histórica ante la que debemos analizar seriamente todas nuestras opciones puesto que algunas de nuestras decisiones pueden ser irreversibles. Podemos, como estamos haciendo, dejar nuestra identidad y nuestro orgullo de lado y ceder ante inversiones privadas que nos aseguren las migajas del bienestar y mañana, ¡Dios dirá!; o sudar la camiseta, apostar por nuestra cultura y nuestro entorno y tratar de movilizar los recursos locales, dinamizando sectores potencialmente creadores de em­pleo como la industria agroalimentaria, el corcho, la agricultura ecológica, las nuevas tecnologías, los servicios de proximidad o el turismo. Seguramente lo segundo es más difícil pero merece la pena intentarlo.

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Artículo de David Barrera (Consultor en turismo cultural y patrimonio) publicado en el número 24 de la revista La Serranía en noviembre-diciembre de 2003.

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