En el número 26 de nuestra revista publicamos un artículo y unas fotos sobre Pepa, la cartera de Algatocín, Benalauría y Salitre. El artículo gustó bastante y además nos han pedido la cesión para otro tipo de publicaciones.
En nuestra ruta para ir conociendo un poco más a los profesionales que cada día trabajan en los pueblos, nos toca ahora igualmente una mujer, cartera, pero en esta ocasión trabaja en el Alto Genal, concretamente en los pueblos de Júzcar, Faraján y Alpandeire.
La cartera de estos tres pueblos se llama Remedios Jiménez Ruiz, es de Alpandeire y allí vive.
La verdadera vocación de esta chica es la peluquería, pero por distintos motivos familiares no pudo estudiar ese oficio y como es muy trabajadora hizo solicitud en la bolsa de trabajo del SAT y de Correos. Para el SAT la llamaron varias veces y para Correos también.
Empezó en Correos haciendo Atajate, Benadalid, Jubrique y Genalguacil, y de ahí surgió el gusanillo de ser cartera en los pueblos.
Alpandeire, Faraján y Júzcar son los pueblos en los que trabaja, pero en un principio también llevaba el pueblo de Pujerra. ¡Era demasiado para una sola persona! Correos le hizo un seguimiento y comprobó que materialmente era imposible poder hacer todo el trabajo dentro del horario laboral, y entonces le quitaron Pujerra. Pero por el pueblo ella estaba muy contenta; le gustaba mucho el pueblo y la gente.
A las 8 de la mañana, Remedios está en la oficina de Ronda para seleccionar el correo de sus pueblos. A las 10 ya está en Júzcar con todo su correo y empieza el reparto en este primer pueblo. Cuando acaba hace Faraján y luego Alpandeire. No tiene un horario fijo nada más que para llegar a Júzcar, porque luego tarda más o menos dependiendo del trabajo. Cuando acaba el reparto en Alpandeire, vuelve a hacer la entrega en Ronda, porque ella no es sólo cartera de entrega, sino que también recoge el correo, ya que en ninguno de estos pueblos hay oficina. A la vez que entrega la correspondencia, recoge toda la que los vecinos le entregan para enviar. No sólo trabaja con el correo ordinario, sino también con los reembolsos, certificados, giros, paquetes postales…
Esta cartera, al igual que Pepa, coincide en que este trabajo está hecho para ella, que le gusta muchísimo, que se siente muy realizada y también igual que ella dice que ser cartera de pueblo es mucho mejor porque hay un trato directo con los vecinos. En la ciudad se reparte el correo en los buzones y no se ve nunca la cara de los destinatarios, mientras que aquí se conoce a todo el mundo, sobre todo porque el nombre de las calles no coincide mucho y se busca realmente dónde vive la persona a la que viene dirigida la carta.
Lleva dos años y medio contratada. Es una pena, pero Reme no consiguió aprobar las oposiciones y probablemente la lleven a otro sitio. A ella no le importa tener que trabajar todos los sábados como hacen los carteros de los pueblos, pero sabe que sus vecinos están acostumbrados a ella, que tienen confianza en ella, que cuando llega una correspondencia que no entienden les pide que les explique, le toman opinión de noticias que llegan por correo… y ella no encuentra dificultades con su trabajo.
Más o menos es el equilibrio perfecto: el profesional trabaja muy a gusto, se siente realizado, por lo tanto presta un buen servicio y los usuarios evidentemente están muy satisfechos con el trabajo.
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Artículo de Isabel María Sánchez Heras publicado en el número 28 de la revista La Serranía en otoño de 2004.
Ole la Reme, la mejor cartera del mundo, y que siga repartiendo por aquí muchos más años.