En una familia muy humilde del pueblo de Alpandeire sobre el año 1864 y en una noche de San Juan (24 de junio), nació Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez. En el pueblo era conocido por “Frasquito Tomás” . Trabajaba ayudando a sus padres en el campo cuidando animales y haciendo las labores de la tierra. Pero el poco tiempo libre que tenía, lo dedicaba a rezar en la iglesia de Alpandeire, su pueblo.
Tras algunas dificultades para conseguir ser fraile se cuenta en algunas versiones que tras el año 1903 y ya haber proclamado sus votos de obediencia, castidad y pobreza en la Orden Capuchina de Granada, se le encomendó la tarea de recoger donativos para los pobres y enfermos. Fue así como comienza Fray Leopoldo a adquirir la popularidad de hombre entrañable de barbas blancas y tierna sonrisa que no contaba con una estatura superior al metro y medio, cosa que no impidió el que la gente acudiera a él para referirle sus problemas. Un día una señora muy compujida acudió a él contándole que su marido estaba en la cama empeorando por momentos y que los médicos no podían ya hacer nada por él. Fue entonces cuando se cuenta que el fraile le dijo a la mujer: “Cuando vivía mi madre, que en gloria esté, y alguno de nosotros estaba enfermo y sin ganas de comer, nos daba un caldo de gallina que, según decía, resucitaba a los muertos. Así que usted dele a su marido una buena taza de caldo; ya verá qué bien sienta”. Pasado unos días la mujer visitó de nuevo al religioso para agradecerle la ayuda. El marido se había puesto bien. Cuando ya se fue la mujer le dijo el fraile a otro hermano que le acompañaba: “Piden milagro cuando es un caldo lo que necesitan”.
Se cuenta de Fray Leopoldo al igual que Santa Teresa de Jesús, manifestó algunos momentos de levitación.
Estando una vez encamado en un hospital, cuentan que alguien del personal sanitario lo vio elevándose por los aires en un arrebato de éxtasis. Esta persona que llevaba cosas en las manos se le cayeron al suelo y fue corriendo para decírselo a otros compañeros, pero cuando entraron todos en el lugar donde ocurrió el acontecimiento, el fraile dormía plácidamente como si nada hubiese ocurrido. También hay versiones que afirman haber visto al fraile en oración en la capilla del convento elevándose varios palmos del suelo.
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Artículo de Isabel María Sánchez Heras publicado en el número 13 de la revista La Serranía en noviembre-diciembre de 2001.