Helados, frutas y verduras, lejía, hilos, salchichón, cubos, sábanas, tabaco, verduras, geles de baño, piruletas, jamón, cremalleras, congelados, cervezas, paraguas, sellos, magdalenas, pilas… estas son algunas de las cosas que se pueden encontrar en la tienda de Ana Sánchez que desde hace 60 años está en el pueblo de Alpandeire.
Esta tienda era de su padre, luego la tuvo sólo ella, y ahora la tiene junto con su hija Mª Nieves Hiraldo.
Los jóvenes de hoy que viven en una ciudad casi no se imaginarán, que en el espacio de una pequeña tienda pueda haber más variedad de productos que en un supermercado.
Ana se crió con sus padres en la tienda, antes estaba en otra calle, en la calle Moral, lo que es la actual Travesía Francisco Sánchez, nombre que le pusieron hará unos tres años más o menos en memoria de su padre, y Ana se emociona al hablar de él. Dice que es que era un hombre muy bueno que ayudaba a todo el mundo. Además de tener la tienda fue alcalde del pueblo de Alpandeire en el 69 y era presidente de la cámara agraria local.
La tienda la trasladaron hace unos doce años. Y nadie mejor que Ana nos puede hablar de cómo han ido evolucionando los tiempos y la economía. En la tienda se vendían muchas cosas de la gente del mismo pueblo: los productos de las huertas, las frutas y verduras. También se vendían los huevos del campo, que ahora tienen que venderse en la carnicería, que también sólo hay una en el pueblo. Se vendía mucho grano, pienso y legumbres, pero esto se hacía a granel y se le pesaba al cliente la cantidad que necesitaba. No venían envasados los garbanzos, ni las lentejas ni nada de eso. También se vendía a granel el azúcar, que blanca era muy rara verla, era morena la que se vendía; Ana ha escuchado que ahora dicen que es mejor la morena que la blanca para la salud. Había muy pocos productos enlatados y casi ningún producto de limpieza, nada más que jabón verde o del que se hacía en las casas con el resto de las grasas, en cambio se vendía allí mismo carbón y petróleo para cocinar y alumbrarse en las viviendas, y había muy poca celulosa para los productos de higiene.
Aunque en Alpandeire ahora vive poquita gente, la tienda sigue vendiendo porque antes había mucho menos dinero que ahora y la gente iba a comprar pero no tenía mucho dinero, y ahora aunque sean menos hay más dinero y la gente puede emplear más.
La competencia con los hipermercados de Ronda o de la Costa u otros lugares no les preocupa ni les hacen la competencia a esta tienda, porque ellas, Ana y Mª Nieves, saben que no pueden poner las ofertas que ponen los hipermercados, y que los clientes saben que un producto allí si es de oferta está barato, pero si no, está al mismo precio, además en el pueblo ir al hipermercado no es ir a comprar, es salir del pueblo y con esa excusa pasan un rato fuera y aprovechan para tomar algo y cambiar los aires del pueblo.
Seguirá abierta esta tienda muchos años más ya que a su actual propietaria, la tercera en su generación con el mismo negocio, le gusta. Así, cada año, los alpandinos que viven fuera y regresan en el verano van al mismo sitio de siempre a comprar.
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Artículo de Isabel María Sánchez Heras publicado en el número 12 de la revista La Serranía en septiembre-octubre de 2001.