En Alpandeire hay gente que, cuando escucha el nombre de “Anita La Micaela”, parece que le nombran a Dios. Esto le pasa sobre todo a las mujeres.
Anita, una mujer que nació en el año 1912, siempre tuvo un buen equipaje: su carácter, que le ayudó a vivir y en muchas ocasiones a que vivieran otros.
Esta mujer, de apariencia física no muy fuerte, es de las personas más populares de Alpandeire, después del tan mundialmente conocido Fray Leopoldo.
Ya no vive; murió con 89 años y no sólo sus hijas están agradecidas por haberles ayudado a nacer, sino que panditos nacidos hasta el año 80 lo han hecho con la ayuda de esta mujer que, sin saber leer ni escribir, asistía gratuitamente a todas las mujeres de su pueblo en los partos.
Sus hijas y todos los que hablan de ella destacan en Anita el carácter abierto y servicial que tenía, ya que no podía dejar de hacer cosas por los demás.
Muy jovencita, Ana Sánchez Lobato se quedó viuda después de que a su marido, José Rojas, lo mataran por ser un hombre de ideas; era sindicalista. Entonces fue cuando ella huyó hacia la zona de Valencia, en donde estaban sus padres, en Requena. Se hizo todo el camino hasta Valencia sola, con la ayuda de las personas que iba encontrando por el camino. A pesar del tiempo transcurrido allí, cuando volvió la llevaron a la cárcel de Málaga, en donde estuvo presa el tiempo suficiente para aprender a coser y tomar este aprendizaje como un oficio que al salir hizo suyo para siempre y ayudó a sacar adelante a la familia que formó al casarse de nuevo con el que sería el padre de sus tres hijas, su paisano Francisco Sánchez Guerrero.
Desde el año 60, Anita fue la camarera del Niño del Huerto; fue la primera que hubo y, mientras ella vivió, ocupó este cargo.
Curiosamente, murió tras cuatro días de agonía un domingo de resurrección, cuando esta procesión estaba en la calle.
A pesar de no tener nada de conocimientos sanitarios, hacía las veces de auxiliar en el pueblo. Ponía inyecciones, abría los agujeros en las orejas para los pendientes, ayudaba en los partos… e incluso después de nacer los críos, durante 15 días se comprometía con la madre en ir a bañarlos para enseñarla. Todo esto lo hizo siempre, incluso cuando llegó el practicante del pueblo, con el que actuaba como si fuese una auténtica auxiliar.
Cuando ya las madres no daban a luz en la casa, sino que se empezó a ir al hospital comarcal en Ronda, igualmente la avisaban para que en el trayecto en coche fuese de acompañante por si el acontecimiento se adelantaba.
A la primera persona que ayudó a nacer fue a Diego Duarte Cárdenas, y desde entonces hasta los últimos que nacieron en el año 1980.
Anita puede ser el ejemplo de una mujer que amó la vida por encima de todo, que ha prestado su servicio, su tiempo, su entereza en el carácter para que nacieran niños y para ayudar a sus madres.
Desinteresadamente, ella ha sido una mujer que ha sabido bien el valor que tiene la vida y también de la recompensa en la entrega de su ánimo y fortaleza.
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Artículo de Isabel María Sánchez Heras publicado en el número 31 de la revista La Serranía en primavera de 2005.